lunes, 13 de abril de 2015

6.6: ROMA. MUSEOS VATICANOS.

22 de Junio de 2012. Viernes. (1ª parte)
Roma, Italia.

Salgo del hotel a las 08:20, tarde, teniendo en cuenta que desde muy temprano ya se forman colas para entrar en los Museos Vaticanos.
A las 08:45, gracias al Metro, ya me encuentro en la cola, media hora de espera y entro en uno de los lugares más apabullantes del mundo artísticamente hablando. En este lugar se guardan tesoros de incalculable valor que los diferentes papas a través de los siglos se dedicaron a acumular. Es impresionante lo que tienen en estos Museos, y lo que no enseñaran por falta de sitio.


- LOS MUSEOS VATICANOS.

Lo primero que hay que decir de los Museos Vaticanos es que requeriremos de varias horas para ver las áreas más destacadas de los mismos. Hay que ir con el mapa en la mano para no liarnos con los pisos y las salas. Se indican 4 itinerarios con el objetivo de simplificar la visita al gran número de personas que acuden a verlos. Los itinerarios son obligatorios, salvo algún desvío.


Estampa habitual en los Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.

La nueva entrada es muy accesible, lleva a la zona conocida como Quattro Cancelli (cuatro verjas), donde comienzan los 4 itinerarios.
No hay lugar que mejor evoque el espíritu y la sensibilidad del Renacimiento italiano como la Cappella Sistina (Capilla Sixtina), edificada y decorada en una época de grandeza artística sin precedentes. Es importante tener en cuenta que esta se encuentra al final de los 4 itinerarios. Si se desea pasar mucho tiempo en ella o ir pronto para evitar las multitudes, se puede acceder directamente.


La belleza de los Museos Vaticanos hasta en hora punta. Roma. Foto del autor.

Por otra parte si se desea visitar las Estancias de Rafael, hay que hacerlo antes, pues una vez llegados a la Capilla Sixtina, no se puede volver atrás.
Los edificios de los museos, conocidos en conjunto como el Palazzo Apostolico Vaticano, se extienden en 5,5 hectáreas. Su construcción se inició en el S. V. Los edificios al oeste de Quattro Cancelli alojan el Museo Gregoriano Profano, el Museo Pio Cristiano, la Pinacoteca Vaticana, el Museo Missionario Etnológico y el Pabellón de las Carrozas.


El espectacular Braccio Nuovo (Ala Nueva) donde se exhiben maravillosas estatuas de época romana.
Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.
La enorme colección de esculturas antiguas del Vaticano se aloja en varias galerías. El largo pasillo que conforma el Museo Chiaramonti contiene cientos de bustos en mármol, mientras que el Braccio Nuovo (Ala Nueva) alberga obras importantísimas, estas incluyen la famosa estatua del "Augusto de Prima Porta", tallada en mármol en el 20 d.C.  Otra joya es la que representa al Nilo como un dios recostado con 16 bebés, podrían representar los 16 recodos que debe recorrer el río para fertilizar la zona.


"Aquiles y Ayax jugando a los dados" vasija ática del 540 a.C.
Una joya de los Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.



El autor entre los cientos de bustos griegos y romanos en el Museo Chiaramonti, Museos Vaticanos. Roma.



El Nilo y sus 16 bebés. Museos Vaticanos, Roma. Foto del autor.
El autor junto al Augusto de Prima Porta.
Braccio Nuovo. Museos Vaticanos. Roma.
El autor delante de una estatua que representa al dios Mitra matando a un toro.
Esta deidad importada de Oriente fue muy popular entre los legionarios de tiempos del Imperio Romano.
Su acto de iniciación consistía en "duchar" al nuevo creyente en sangre de toro. Museos Vaticanos. Roma.

El Cortile Ottagono (Patio Octogonal) aloja parte de la colección escultórica del Vaticano. Exhibe obras como el "Apolo de Belvedere", una copia romana de mármol fechada en el S. II d.C. de un original griego en bronce del S. IV a.C. considerada una de las obras maestras de la escultura clásica del S. IV a.C. 


El "Apolo de Belvedere" en el Patio Octogonal, Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.


El Cortile Ottagono (patio octogonal) Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.

"El Laocoonte" una espectacular estatua de la escuela de Rodas, sus autores fueron Agesandro, Polidoro y Atenodoro. Está hecha en una sola pieza de mármol. Representa al sacerdote de Apolo en Troya, Timbreo, y a sus dos hijos siendo estrangulados por dos serpientes marinas, contemplarlo te deja sin palabras. En este lugar se exhiben otras piezas procedentes de la Domus Aurea.


"El Laocoonte" joya de los Museos Vaticanos.
Roma. Foto del autor.

La Sala de las Musas, aloja, entre otras obras, el Torso Belvedere, una escultura romana del S. I a.C. encontrada en Piazza Campo de Fiori, la cuál despertó la admiración y sirvió de inspiración al gran Miguel Ángel y otros artistas del Renacimiento.


Techo en la Sala de las Musas. Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.

"Torso de Belvedere" copia romana del S I a. C. de un original del
maestro ateniense Apolonio del S. II a.C. Fue descubierto en su
estado actual en 1510. Se supone que representa a Hércules
 e iría montado sobre un animal. Museos Vaticanos. Roma.

En la Sala de la Cruz Griega se encuentran dos sarcófagos de pórfido. Uno perteneciente a la hija de Constantino, Constanza, y el otro a su madre, Santa Elena. Este impresionante sarcófago fue construido para el emperador Constancio Cloro (292-306 d.C.) o para Constantino (306-337 d.C.) por razones que se desconocen se utilizó para guardar el cuerpo de Santa Elena en 335 d.C.


Sarcófago de Santa Elena. Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.

Subiendo un piso, por la escalinata de Simonetti se llega al Museo Gregoriano-Etrusco, cuyas vitrinas albergan piezas provenientes de la antigua Etruria. Reviste particular interés la tumba Regolini-Galassi, descubierta en 1836 al sur de Cerveteri, en las inmediaciones de Roma. El sepulcro alojaba a una princesa, y entre los objetos que contenía se exponen joyas en oro, un carruaje funerario, una cama de bronce y un lecho mortuorio. También se exponen vasijas griegas y antigüedades romanas.
En el Museo Gregoriano-Egipcio se exponen objetos traídos del Egipto romano en época del Imperio. La colección es pequeña pero fascinante, con joyas como el trono de Ramsés II, que forma parte de una estatua del rey sentado.


Momias en el museo Gregoriano-Egipcio, Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.
En cada sala de los Museos Vaticanos nos aguarda una sorpresa. El autor en la sala Etrusca. Roma. 

En la magnífica Pinacoteca Vaticana se pueden contemplar obras de los pintores Giotto, Caravaggio, Rafael, Filippo Lippi, Guido Reni, Anton Van Dyck y Pietro da Cortona, entre otros grandes maestros.


"La Transfiguración" de Rafael, obra maestra pintada para la catedral de
Narbona, Francia (1516-1520). Encargo del cardenal Julio de Medici.
Pinacoteca Vaticana. Foto del autor. 
Tapiz sacado de la obra de Leonardo da Vinci la "Última Cena". Museos Vaticanos. Roma.
Foto del autor. 

Pasando a través de la Galería de los Mapas, que esta decorada con frescos que representan mapas topográficos de regiones italianas pintados a finales del S. XVI (a este autor aficionado a los mapas le pareció una joya) y de la Galería de Tapices, se llega a las Estancias de Rafael, las impresionantes habitaciones privadas del papa Julio II denominadas así en honor al maestro que las decoró.


La Galería de los Mapas. Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.

Rafael fue el encargado de pintar la Estancia de la Signatura y la Estancia de Heliodoro. El techo de la Estancia del Incendio fue pintada por el maestro de Rafael, Il Perugino, en esta estancia la obra maestra es "El incendio del Borgo"  el dibujo fue obra de Rafael completado después por su asistente Giulio Romano.


"El incendio del Borgo" obra de Rafael. Estancia del Incendio. Estancias de Rafael.  Museos Vaticanos.
Roma. Foto del autor.

La Estancia de la Signatura contiene dos obras de Rafael, La disputa del Sacramento y La escuela de Atenas, esta última una de las obras maestras del artista donde retrata a Platón, Aristóteles y otros filósofos, eruditos y pensadores incluidos Miguel Ángel y el propio Rafael. 


"La escuela de Atenas" obra maestra de Rafael. Estancias de Rafael, Museos Vaticanos.
Roma. Foto del autor.

En la Estancia de Heliodoro, se encuentra otra obra maestra de Rafael, Expulsión de Heliodoro a su izquierda se encuentra el Milagro de Bolsena. A su lado el lienzo, "León detiene la invasión de Atila" y "La liberación de san Pedro", ambos de Rafael y su escuela.

Pasando tantas horas entre miles de obras maestras y rodeados de semejante belleza artística podemos coger el mal de Stendhal. Nada mejor para recuperarnos que tomarnos un respiro en el Patio de la Piña. 


La piña que da nombre al "Patio de la Piña" los pavos reales son copias de los que se encontraron en
la Villa de Adriano. Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.
El otro extremo del Patio de la Piña. Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.

Este patio toma su nombre de la gigantesca escultura de una piña que se encuentra frente al Palacio de Belvedere. Se dice que los papas utilizaban este patio para sus diversiones, incluidas corridas de toros. Especulaciones modernas dicen que debajo de este patio podría ubicarse los famosos Archivos Secretos del Vaticano. 


El autor junto a la estatua "Esfera con esfera" en el Patio de la Piña. Museos Vaticanos. Roma.
Vista del Patio de la Piña desde una de las salas de los Museos Vaticanos.
Roma. Foto del autor.

En el centro del Patio de la Piña se encuentra la estatua que Arnaldo Pomodoro regaló a Juan Pablo II en 1990 llamada "Esfera con esfera", esta pesada obra tiene como particularidad que puede girar con un empujón de manos. Una delicia para descansar y tomarnos un refrigerio. Desde el Patio de la Piña me dirijo al mayor tesoro de los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina. 


- CAPILLA SIXTINA.

La Capilla Sixtina fue finalizada en 1484, bajo la supervisión del papa Sixto IV, y desde el S. XVI se utiliza par el cónclave que elige al Sumo Pontífice. A finales del S. XV, los artistas más brillantes del Renacimiento fueron llamados a Roma para embellecer las paredes de la capilla. Aunque realizaron un magnífico trabajo, pronto sus esfuerzos se verían eclipsados por un hombre que no se consideraba a sí mismo pintor, era Miguel Ángel.


"Juicio Final" en la Capilla Sixtina, se recuerda la prohibición de sacar
fotos en este espacio. La foto es del autor que se le escapo el dedo.
Museos Vaticanos. Roma.

Se dice que algunos artistas, celosos de la creciente reputación de Miguel Ángel, instigaron al papa Julio II para que encargara al florentino la decoración de la cúpula, esperando que este fracasara. El maestro de maestros reaccionó ofreciendo mucho más de lo que se le había pedido, y, entre 1508 y 1512, pintó los frescos de la bóveda de cañón con escenas del Libro del Génesis. 


Frescos de la bóveda de cañón en la Capilla Sixtina con la escena del Gésesis de "La Creación de Adán".
Museos Vaticanos. Roma.

Unos 20 años más tarde, fue reclamado de nuevo para que pintara la pared del altar, superándose a si mismo con el dinámico y amenazador Juicio Final, finalizado en 1541. Tiempo después, el papa Pío IV encargó a uno de los discípulos del artista que pintara hojas de higuera y ropajes para cubrir las partes desnudas. La restauración de la Capilla Sixtina que se ha llevado a cabo en las últimas dos décadas ha reavivado los maravillosos colores originales y recuperado el dinamismo que pudo contemplarse el día que Miguel Ángel retiró el andamiaje.


La joya de los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina. Roma.

Para salir de los museos utilizaremos la espectacular escalera de Bramante, diseñada por Giuseppe Momo en 1932, está inspirada en la escalera de caracol revolucionaria diseñada por Donato Bramante en 1512 para el papa Julio II. Esta última solo se abre al público en ocasiones especiales.


Escalera de Bramante. Museos Vaticanos. Roma. Foto del autor.


Son casi las cuatro de la tarde y hoy todavía me espera la Basílica de San Pedro, pero esta maravilla la dejaré para el próximo post. Tanta belleza es mejor dosificarla.


PRÓXIMO POST: 6.7- ROMA. BASÍLICA DE SAN PEDRO Y BARRIO DEL TRASTÉVERE.

jueves, 2 de abril de 2015

6.5- ROMA. CATACUMBAS, SANTA MARÍA MAGGIORE, ISLA TIBERINA Y MÁS.

21 de Junio de 2012. Jueves.
Roma. Italia.

A las nueve de la mañana salgo del hotel y me dirijo andando hacía la Vía Appia Antica. Mi primer objetivo de hoy son las catacumbas de San Calixto.
Paso al lado de las Termas de Caracalla y bajo andando por la Vía di Porta di San Sebastiano.


El autor bajando por la Vía San Sebastiano hacía la Vía Apia. Por sus piedras parece no haber pasado el tiempo.
Y sin turistas. Roma.
 
El autor en la Puerta de San Sebastiano, aquí empieza la Vía Apia.
Roma.

Por esta Vía de la Puerta de San Sebastiano hallamos uno de los tesoros históricos y arqueológicos menos conocidos de Roma. La tumba de los Escipiones, el monumento data del S. III a. C. y fue remodelado en el S. II a. C. por Escipión Emiliano llamado "el Joven" o el "Numantino", fue el conquistador de la mítica Numancia en el 133 a. C. 
El otro gran Escipión fue el llamado Africano, el vencedor del general cartaginés Aníbal en la batalla de Zama (202 a. C.) en la 2ª Guerra Púnica. 
La tumba está formada por dos hipogeos, el menor data de entre el 150 y 135 a. C. y están excavadas en plena pared de piedra blanda de toba. Solo se podían observar desde la puerta enrejada de la entrada, una pena.


- VÍA APPIA ANTIGUA Y CATACUMBAS DE SAN CALIXTO.

Tras pasar por la Puerta amurallada de San Sebastiano me pongo a caminar por la carretera que seguía la mítica Via Apia Antigua. Conocida por los romanos como la regina viarum (la reina de las carreteras) se empezó a construir en el 312 a.C. desde la Puerta de San Sebastiano y llegó en el 190 d.C. hasta Brindisi en la costa de Apulia, en el tacón de la bota italiana. Paso al lado de la Iglesia del Domine Quo Vadis, construida sobre el lugar donde se dice que san Pedro, al salir de Roma, encontró a Jesucristo. Después, el santo regresó a la ciudad y allí fue martirizado.


Primer miliario de la Vía Appia. Roma.
Foto del autor.



Iglesia del Domine Quo Vadis en la vía Apia. Roma.
 
Supuestas huellas de los pies de Cristo, marcas de clavos incluídos, en la iglesia del Domine Quo Vadis.
Vía Apia. Roma.
Bar con encanto en plena Vía Apia. Roma. Foto del autor.

También en la Vía Appia se pueden ver: la Tumba de Geta, el Columbario (nichos donde guardar las urnas cinerarias) de los libertos de Augusto, el de los libertos de Lidia, y frente a la tumba de los libertos de Volusi encuentro la entrada al recinto de las catacumbas de San Calisto.
La antigua Roma prohibía los entierros dentro de los muros de la ciudad, motivo por el cual los primeros cristianos excavaron alrededor de 300 kilómetros de túneles y tumbas a varios niveles bajo los caminos que conducían fuera de ella. Fueron abandonadas en el S. V cuando los bárbaros las saquearon, y olvidadas con el paso de los siglos hasta que un labrador en el S. XVI encontró este "mundo de los muertos".


Catacumbas de San Calixto. Roma. 

Las catacumbas fueron realizadas entre los S. I y V por los primeros cristianos. Estos envolvían los cadáveres con sábanas blancas y los colocaban en nichos rectangulares tallados en las paredes de los túneles, después se tapaban con sencillas losas de mármol o terracota. Para los cristianos cumplían la doble función de ser puntos de reunión clandestinos donde podían practicar su culto perseguido y a la vez almacenar reliquias importantes. 
Las catacumbas de San Calixto son las más grandes y famosas y contiene la tumba de la martirizada santa Cecilia (aunque ahora su cuerpo está alojado en la iglesia de Santa Cecilia in Trastevere). También alberga una cripta con las tumbas de 7 papas martirizados en el S. III. En los 20 kms, de túneles explorados, los arqueólogos han encontrado los sepulcros de unas 500.000 personas. La entrada cuesta 3 euros.
Para la vuelta cogí un bus que iba tan atestado de turistas que fue imposible pagar el viaje. Me bajé en la estación principal de Termini, de aquí me acerqué andando hasta la iglesia de Santa María Maggiore.


- IGLESIA DE SANTA MARÍA MAGGIORE Y TERMAS DE DIOCLECIANO.

Fue construida en el S. V y es una de las cuatro basílicas patriarcales de Roma. Desde su fundación ha sido remodelada en numerosas ocasiones. El interior es barroco, y el campanario piramidal, el más alto de Roma, románico. 


El Amor frente a Santa María Maggiore. Roma.
Foto del autor.

El interior tiene una nave principal y dos laterales divididas por treinta y seis columnas monolíticas de mármol y cuatro de granito. En el ábside sobresale el hermoso mosaico de Jacopo Torriti, de 1295, que representa la coronación de la Virgen. La Virgen con el Niño del altar es del S. XII o XIII. Una placa de mármol a la derecha del altar señala el sepulcro de Bernini.


El interior de Santa María Maggiore, una maravilla. Roma. Foto del autor.



El espectacular altar baldaquinado de Santa María Maggiore. Roma. Foto del autor.
Altar de Santa María Maggiore. Roma. Foto del autor.

Al lado de la estación Termini se encuentran Las Termas de Diocleciano que alberga el Museo Nacional Romano.
Las termas fueron construidas a finales del S. III d.C. Fueron las más grandes de la antigua Roma, con una capacidad para 3.000 personas. El visitante puede hacerse una perfecta idea del tamaño original de este complejo, que constaba de termas, bibliotecas, salas de conciertos y jardines, caminando a través de lo poco que se conserva.


El autor a la entrada del Museo Nacional Romano.
Roma.



El claustro de Michelangelo (1564) en las Termas de Diocleciano es una maravilla. Una delicia pasear entre sus
parterres y restos arqueológicos. Roma. Foto del autor

Tras la destrucción del acueducto que alimentaba las termas en el 536 d.C., el recinto quedó en desuso. También es posible deleitarse con el claustro renacentista repleto de sarcófagos clásicos y estatuas romanas decapitadas. El jardín tiene mucho encanto, es conocido popularmente como el Claustro de Michelangelo y se agradece ante el sol inmisericorde del verano romano que cae a plomo.


El autor en el patio del Museo Nazionale Romano. Roma.
El autor en el patio del Museo Nazionale Romano. Roma.
Museo Nazionale Romano, una maravilla de museo con mucho encanto. Roma.
Foto del autor.

Aquí también podéis disfrutar de la galería del Museo Nazionale Romano Terme di Diocleziano. Alberga epígrafes antiguos y toda clase de piezas y artefactos de la protohistoria italiana.

Me siento a comer en un pequeño restaurante delante de Santa María Maggiore y me dirijo al siguiente monumento, el Teatro Marcelo.


- TEATRO MARCELO Y ZONA DE LA ISLA TIBERINA.

Iniciado por Cesar, el teatro fue inaugurado por Augusto en el 13 a. C. y dedicado a su sobrino Marcelo. Su cávea medía 30 metros de altura.
Se ha calculado que este teatro, uno de los tres permanentes de la antigua Roma, podía acoger a 20.000 personas. Dentro, los espectadores estaban separados por una estricta jerarquía impuesta por Augusto. La sección situada más arriba era para las mujeres, los extranjeros y los esclavos. La parte más cercana al escenario estaba reservada a los ciudadanos romanos.


Se aprecia muy bien el teatro Marcelo (S. I a. C.) y el palacio Baldassare (S. XVI). Roma.
Foto del autor.

Lo que actualmente se ve desde la calle del Teatro Marcelo es solo una parte de la fachada original que luego se transformó en fortaleza en el S. XIII y en el Palazzo Baldassare Peruzzi en el S. XVI. Cerca del emplazamiento del teatro ya había dos templos antes de que este fuera construido. Uno es el templo de Apolo Sosiano al oeste, levantado en el 431 a. C. por los reyes Tarquinos, aunque en el 34 a.C. fue completamente reconstruido. El otro es el templo de Belona.


Teatro Marcelo y restos del templo de Apolo Sosiano. Roma. Foto del autor. 

Justo al lado del teatro Marcelo se encuentra el río Tíber y la isla Tiberina. Es la isla habitada más pequeña del mundo y se le ha atribuido poderes curativos desde el S. III a. C. cuando los romanos adoptaron a Esculapio, el dios griego de la curación y le erigieron un templo en la isla, tradición que ha continuado hasta nuestros días gracias al hospital Fatebenefratelli (1548). Sobre las ruinas del templo romano se erige la iglesia de San Bartolomé del S. X, esta tiene una fuente de mármol, posiblemente construida sobre el mismo manantial que llevaba las aguas curativas al templo.


Isla Tiberina desde el barrio antiguo, se ve el puente Cestio, el más antiguo de Roma (46 a. C.).
Foto del autor.



El autor en la isla Tiberina, al fondo el puente Cestio nos lleva al Trastévere.
Roma.

Desde el casco histórico se llega a la isla por el puente Fabricio, el más antiguo de Roma, sigue en pie desde el 62 a. C. Y por el otro lado el puente Cestio, construido en el 46 a. C. y reconstruido en el S. XIX une la isla con el barrio del Trastévere.
Al sur de la isla se encuentran los restos del Ponte Rotto (puente roto), el primero de la ciudad hecho de piedra y que fue destruido por una riada en 1598.


Ponte Rotto (1598) desde la orilla del barrio antiguo. Roma. Foto del autor.

Sigo bajando por la ribera del río, en esta zona en el S. II a.C. se construyó el embarcadero del Tíber, aunque ya en época pre-urbana aquí había un mercado de pescado (Foro Boario) y otro de verduras y hortalizas.
Aquí mismo nos encontramos con dos maravillosos templos romanos que conservan todo su encanto: el pequeño y redondo Templo de Hércules Vencedor y el Templo de Portuno.
El templo de Hércules fue erigido en el S. II a.C. por el mercader de aceites M. Octavio Herreno encargándoselo al arquitecto Hermodoro de Salamina. De hecho, es el templo mejor conservado de Roma, construido casi por completo en mármol. La estatua de la deidad está esculpida en el S. II a.C. por un famoso artista griego, Escopas el Joven. Una auténtica maravilla y una pena que sea tan poco conocido, será por lo pequeño que es.


El autor frente al maravilloso templo de Hércules Vencedor. Roma.
Templo de Portuno. Roma. Foto del autor.

El templo de Potuno, protector de los marineros y los puertos, fue erigido en la misma época.
En la misma plaza se encuentra la iglesia de Santa María in Cosmedin, en una de sus paredes exteriores se encuentra la famosa Boca de la Verdad, un disco enorme en forma de máscara. Cuenta la leyenda que si se mete la mano derecha mientras se dice una mentira la boca se cerrará.


La Boca de la Verdad. Roma.
Foto del autor.



Santa María in Cosmedin y su torre. Tras la reja porticada se encuentra la Boca de la Verdad. Roma.
Foto del autor.
Fuente en la plaza de Santa María in Cosmedin. Roma.
Foto del autor.

La iglesia de Santa María in Cosmedin fue erigida en el S. VIII, está considerada una de las mejores iglesias medievales de la ciudad. En el S. XII vio realzada su belleza con un bonito campanario de 7 pisos y un pórtico. Su interior está profusamente decorado en mármol. En las naves laterales hay frescos del S. XII.
Subiendo de nuevo por el río hacía el norte, y junto al Teatro Marcelo se encuentra el Gueto Judío y el Pórtico de Octavia.


- BARRIO JUDÍO, PORTICO DE OCTAVIA Y LAGO ARGENTINA.

Del Pórtico de Octavia solo quedan unos evocadores restos, unas cuantas columnas y un frontón fragmentado que constituyeron originariamente la entrada a una enorme plaza con columnatas. Esta plaza porticada fue erigida por Augusto en el 23 a. C. En el pasado albergó templos, bibliotecas y tiendas. Estaba dedicada a la hermana del emperador.
Durante la Edad Media el pórtico formó parte del principal mercado de pescado de la ciudad.


El autor frente a lo que queda del Pórtico de Octavia. Roma. 
El autor en las ruinas del Pórtico de Octavia, junto al Teatro de
Marcelo. Roma.

Dentro del espacio había dos templos, el de Juno Regina (del que quedan algunos restos visibles aún hoy) y el de Júpiter Stator. El Pórtico estaba decorado con numerosas obras de arte, muchas de ellas parte del botín de guerra conseguido en Grecia, entre ellas las 34 estatuas de bronce de Lisipo que representaban a Alejandro Magno y sus oficiales.

Desde el Pórtico de Octavia y subiendo por la vía del Portico nos encontramos con una de las zonas con más encanto de la ciudad, el barrio judío. En la Vía del Portico nos encontramos con la Casa de Lorenzo Manilio, construida en 1468 y que se conserva espectacularmente y el Forno del Ghetto.


Casa de Lorenzo Manilio (1468) en el barrio judío. Roma. Foto del autor.
Barrio Judío, al fondo el Pórtico de Octavia. Roma. Foto del autor.
El encanto del Gueto Judío. Roma, Foto del autor.

 Girando a la derecha en el Horno del Gueto nos dirigimos a la plaza Mattei donde se halla la coqueta Fuente de las Tortugas. Esta encantadora fuente representa 4 chicos levantando tortugas para meterlas en un tazón. Fue Taddeo Landini quien la diseñó en 1585 por encargo del duque de Mattei, el cuál había perdido toda su fortuna en el juego, y estaba a punto de perder también a su prometida (el futuro suegro quedó tan impresionado por la obra que el duque consiguió su mano). Bernini en el año 1658 le añadió las tortugas ganando mucho encanto la fuente.


El autor en la Fuente de las Tortugas. Plaza Mattei. Roma. 

Desde la plaza por la Vía Paganica llegamos al Área Sagrada del Lago Argentina.
El complejo arqueológico fue descubierto en 1926, constaba con un Hecatostylum (un pórtico con 100 columnas) y las termas de Agripa. Esta zona del Campo de Marte contenía 4 templos que los especialistas datan entre los siglos IV al II a. C. El más antiguo, el de Feronia es del S. IV a.C. El templo de Jutura del III a.C. el de los Lares Permarini del S. II a.C. y el templo de Fortuna de Ese Día, dedicado por Lutacio Cátulo tras la batalla de Vercelli contra los cimbrios.
Aréa Sagrada del Lago Argentina, en pleno centro de Roma. Foto del autor.
Gatos en el Área Sagrada del lago Argentina. Roma. Foto del autor.

En este lugar hay un santuario de gatos municipal donde un grupo de voluntarios se dedica a alimentarlos, esterilizarlos y vacunarlos. Hay docenas de ellos correteando y tomando el sol entre las ruinas de estos milenarios templos.
Me dirijo ahora a la iglesia de Il Gesú. Se decía que era la iglesia más bella de Roma. Fue la primera iglesia que construyeron los jesuitas en Roma.


Fachada de la iglesia de Il Gesú. Roma.

Esta iglesia es el máximo exponente de la arquitectura de la Contrarreforma, los jesuitas querían atraer a la gente con un arte esplendoroso y arrebatador. Fue erigida entre los años 1568 y 1575. En el fresco de la bóveda, los espacios bidimensionales y tridimensionales se fusionan y las figuras parecen alcanzar el techo.


Techo de la iglesia de Il Gesú. Roma.



Los espectaculares frescos de Il Gesú. Roma. Foto del autor.
La cúpula de Il Gesú. Roma. Foto del autor.

 La opulenta tumba de san Ignacio en mármol y bronce con columnas incrustadas en lapislázuli está situada en el crucero norte. Al este de la iglesia están las habitaciones en las que vivió san Ignacio desde 1544 hasta su muerte, en 1556.

De aquí al hotel, aún me quedan fuerzas para coger al metro. Mañana me espera uno de los platos fuertes de la capital del Lazio, los Museos Vaticanos, y hay que ir bien descansado para recorrer y disfrutar de sus miles de obras de arte.



PRÓXIMO POST: 6.6- ROMA. MUSEOS VATICANOS.