viernes, 13 de diciembre de 2019

16.01- ESCOCIA. UNA TIERRA DE LEYENDA. UN POCO DE HISTORIA Y NUESTRA RUTA.


Maspalomas. Gran Canaria.



Iniciamos el relato de una de las Escapadas más deseadas por parte del que suscribe. Escocia es una tierra llena de Historia donde se mezclan los mitos y personajes que han forjado los acontecimientos más importantes del país con las leyendas que surgen de sus castillos encantados y sus lagos; hogar estos últimos, de misteriosos pero muy lucrativos monstruos. 
En este viaje pudimos disfrutar tanto de la Escocia soleada sobre valles y lagos como de la lluvia que hacía brillar las centenarias piedras de los edificios más bellos de su capital, en ambas situaciones esta tierra enamora. Acompañadnos en esta ruta por uno de los países con más encanto.


Bienvenidos a Escocia. Entrando al valle de Glen Coe. Foto del autor.



Los lagos escoceses son auténticos espejos. Lago Lochy, Lochaber. Escocia. Foto del autor.


Edimburgo nos recibió con nubes bajas y lluvia. Subiendo por la Royal Mile al fondo
se puede apreciar la catedral de San Giles. Escocia. Foto del autor.

Como siempre, empezaremos por el principio. Un poco de historia para saber de donde surge Escocia y las tradiciones de sus habitantes. 



- TODO COMIENZA HACE 7.000 AÑOS...


Podemos decir que todo comienza hace 7.000 años en las Islas Órcadas, donde se hallaron los primeros vestigios humanos que se conservan en Escocia. Los restos arqueológicos allí encontrados sugieren que personas de la Europa continental llegaron y se asentaron en ese lugar en el quinto milenio a.C.
Estos primeros pobladores llevaban una vida muy simple, pero a medida que sus asentamientos se volvieron más grandes y seguros y su dominio sobre el país se hizo más fuerte, dejaron su impronta en forma de grandes túmulos funerarios y círculos de piedras que hoy siguen estando envueltos en el misterio en las Islas Órcadas y las Hébridas Exteriores. Las mejores muestras están en Callanish, en la isla de Lewis, cuyas piedras datan de una fecha tan remota como 2.000 a.C.


Piedras de Callanish en la isla de Lewis. Foto de internet.


La llegada de la Edad del Bronce proporcionó a los antiguos habitantes de Escocia nuevas herramientas de trabajo con las que mejoraron las cosechas pero también los dotó de armas más eficaces para matarse entre ellos. Las luchas por las tierras cultivables (escasas) y los prados para el ganado condujeron a enfrentamientos muy violentos que forzaron a la construcción de "crannongs" defensivos (refugios construidos en los lagos y a los que solo se podía acceder por una pasarela de madera que recogían en caso de ataque o por las noches) y de castros fortificados de mayor tamaño en la cima de colinas y montañas.

A este berenjenal que tenían liado en las tierras altas se sumaron nuevas inmigraciones procedentes del continente y una nueva oleada de pobladores venidos del sur: los celtas britones. Ante la escalada de los enfrentamientos entre tribus rivales y las nuevas amenazas que llegaban por vía marítima comenzaron a proliferar por toda la costa los "brochs" (torreones de piedra fortificados), en los que las familias más acomodadas podían refugiarse y resistir a esas bandas de merodeadores que no tenían la capacidad tecnológica ni el tiempo para un asedio en toda regla. Los mejor conservados son Dun Carloway, en Lewis y el formidable Mousa Broch, en la isla del mismo nombre en las Shetland. Llegaron a erigirse una red de más de 500 "brochs".


- LLEGAN LOS ROMANOS. LOS PICTOS LES HACEN FRENTE.

Fueron los romanos los primeros en llamar pictos (del latín pictus, "pintados) a las tribus de guerreros con los rostros pintados que se encontraron en sus incursiones al norte de la isla de Gran Bretaña, en la región que llamaron Caledonia.
Tras unas invasiones preliminares a pequeña escala que realizó Julio Cesar, los romanos invadieron la isla para quedarse en el 43 d.C. A medida que ganaban batallas se adentraban en el territorio empujando a las belicosas tribus britanas hacía el norte. El general Plaucio logró derrotar en varias y muy duras batallas la resistencia de esas tribus del sur de Britania. El emperador Claudio se auto-concedió el triunfo.
En los años siguientes se sucedieron los gobernadores romanos (Vespasiano, Escápula, Didio Galo, Suetonio Paulino...) enviados Claudio y por su sucesor Nerón, que en el 54 accedió a la púrpura y continuó la invasión de la isla. En el año 60 derrotan a los druidas en su fortaleza de la isla de Anglesey en la brumosa costa oeste de Gales. Es en este año cuando surge la famosa rebelión de la reina Boudica, que duró poco, derrotada en la batalla de Watling Street al año siguiente. En el 70 los romanos conquistan York y en el 75 Gales es totalmente sometida. Pronto las fuerzas romanas pondrían toda su fuerza en el norte del país.


La diplomacia entre las tribus y los romanos evitó muchos conflictos. Panel informativo
en el castillo de Edimburgo. Foto del autor.
Guerreros pictos cargando contra una legión formada en orden cerrado.
Foto de internet.



En el 80, el general Agrícola había llegado al río Tay, en la actual Perth y la bahía de Dundee. En el 83, Agrícola obtuvo una importante victoria en la batalla del Monte Graupio contra una confederación de tribus caledonias comandadas por Calgaco. Tras esta batalla, el general romano mandó a su flota a recibir la rendición de las islas Orcadas llegando a establecer puestos militares en la costa del fiordo de Moray. A pesar de sus victorias, o precisamente por eso, Agrícola fue llamado a Roma por el emperador Domiciano y reemplazado por nuevos sucesores que no pudieron consolidar la conquista de Escocia-Caledonia. Tras la debacle del Graupio las tribus britanas abandonaron el norte de la isla cediendo el territorio a los romanos y abandonando a sus suerte a los caledonios. 
A estos no les fue mal ya que los romanos se parapetaron tras el Muro de Adriano que se levantó por orden de este emperador entre el 122 y el 132, con 117 kilómetros de largo iba de costa a costa, desde el golfo de Solway en el oeste, hasta el estuario del Tyne.
Los romanos intentaron avanzar de nuevo, construyeron el Muro de Antonino entre los ríos Clyde y Forth (desde la actual Edimburgo hasta Glasgow). Pero tras dos décadas más de fracasos regresaron a la protección de la muralla de Adriano.
El último intento por parte de los romanos de ocupar el norte de la isla le correspondió al emperador Severo, pero murió en York en el 211. Las últimas misiones de los romanos dentro del territorio escocés se limitaron a establecer redes comerciales, firma de tratados y finalmente a la propagación del cristianismo.


Ataque de guerreros pictos contra el muro de Adriano en el año 360 d.C.
Foto de internet.


En estos últimos años de presencia romana en Escocia los guerreros caledonios-pictos no dejaron de atacar el Muro de Adriano, logrando atravesarlo en tres ocasiones: en el 197, 296 y 367. Fue reparado y ampliado en el 209 por Septimio Severo y abandonado definitivamente en  el año 383. Tras su abandono los habitantes de la región utilizaron sus piedras para la construcción de granjas, iglesias y demás edificios.
Es curioso como el "limes romano" del S. III coincide en el S. XXI con la delimitación geográfica de Inglaterra y Escocia, dicha geografía política coincide prácticamente con la ubicación de la muralla de Adriano. En 1987 la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad, hoy se pueden visitar tramos que

Los romanos abandonaron Britania en el 500 d.C. tras medio milenio de ocupación sin poder conquistar Escocia.


- LA LLEGADA DEL CRISTIANISMO.

La situación tribal que dejó la partida de los romanos de Escocia fue una división del territorio en manos de 3 pueblos principales: los celtas britones que eran dueños de actual sur de Escocia, los pictos que controlaban grandes extensiones del norte y el este y por último los escotos. Estos últimos eran celtas procedente de la vecina Irlanda y que comenzaron a llegar a las islas y a la costa occidental de Escocia en las últimas etapas de la ocupación romana y que terminarían por dar nombre al país.
Los escotos y celtas eran cristianos y los pictos eran paganos, con el paso del tiempo el que obtuvo más éxito en la conversión de estos últimos fue San Columba, estableció un monasterio en la isla de Iona, que aún persiste, reconstruido. Cuenta la leyenda que en el S. VI San Columba derrotó al monstruo primigenio del lago Ness, que ya por entonces parece que habitaba esas aguas.


La isla de Britania en el 640 d.C. Las tribus por colores: amarillo-
Anglos, verde-britones, azul-pictos, rojo-escotos y naranjas-
irlandeses. Foto de internet.


Catedral de Saint Andrews. Sus orígenes se remontan al 742 cuando llegaron a estas
tierras las reliquias de San Andrés, patrón de Escocia. Las ruinas del edificio que vemos
se construyeron entre 1160 y 1318. La Reforma Protestante en el S. XVI la destruyó.
Saint Andrews. Escocia. Foto del autor.


Algunos historiadores atribuyen a Kenneth MacAlpine (800-858) ser el primer rey de Escocia. Era señor del reino escoto de Dalriada, quién unió en el 843 sus tierras a las de los pictos creando la nación de Alba, más tarde llamada Escocia. Este primigenio reino no incluía el Strathclyde, las Lothians ni el sur de Escocia.Otros historiadores afirman que no es correcto hablar de Escocia como nación unida hasta 1468 cuando las Orcadas y las Shetland fueron conquistadas. Sin embargo MacAlpine formó una nación que englobaba gran parte de la actual Escocia con su capital en Scone y dió a Escocia el símbolo primordial del país, la Piedra del Destino, sobre la que serían coronados los reyes del país. 
Más adelante cuando visitemos Edimburgo os contaremos más de está mítica pero muy real piedra.


Castillo de Eilean Donan. El castillo actual comenzó a construirse en 1220 por orden de Alejandro
II de Escocia sobre un antiguo fuerte usado por los pictos como defensa frente a
incursiones vikingas. Se dice que fue uno de los refugios utilizados por Robert Bruce
cuando huía de las invasiones inglesas de Eduardo I. Una maravilla. Más
adelante, en uno de los artículos hablaremos de este lugar de cuento.
Costa noroeste de Escocia. Foto del autor.
El edificio más antiguo que se conserva en Edimburgo es la capilla de Santa Margarita
en lo alto de su castillo. Santa Margarita de Escocia vivió de 1045 a 1093. La capilla
se erigió en el S.XII. Edimburgo. Foto del autor.



Los siglos fueron pasando, uno de los descendientes de MacAlpine, Malcolm II (954-1034) derrotó a los anglos en 1018 y les arrebató las tierras situadas al sur de Edimburgo. El país fue ampliando territorios hacía el sur a la vez que su sociedad fue avanzando culturalmente, David I (1083-1153) supervisó el establecimiento de los burgos reales  y la fundación de las abadías de los Borders. 





Ajedrez de la isla de Lewis. Es un conjunto de 78 piezas de ajedrez, 14 tableros y una hebilla
de bolsa datado entre el 1150 y el 1200. En su gran mayoría están talladas en marfil de morsa
y se presume que son de origen escandinavo. Se encuentran divididas entre el Museo Nacional
de Escocia en Edimburgo y el Museo Británico de Londres. Las piezas de la foto representan
reyes, obispos y caballeros. Museo Nacional de Escocia. Foto del autor.

El feudalismo fue paulatinamente suplantando al sistema tradicional de clanes, al menos en las regiones meridionales y centrales, aunque las Highlands seguían siendo un territorio salvaje. En el norte y el noroeste los reyes noruegos controlaban las Islas Shetland y Orcadas efectuando incursiones en las costas del sur. 



- COMIENZAN LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA.

En 1263 los escoceses se quitaron de encima a los vikingos noruegos ganando la batalla de Largs, desde entonces no volvieron a ser un problema serio. Los problemas ahora llegaban del sur...
Las escaramuzas en los inhóspitos parajes de los Borders eran moneda corriente, pero la verdadera invasión se inició en 1296, cuando el rey Eduardo I (1239-1307), "el martillo de los escoceses" invadió el país con 30.000 soldados.
Efectivamente este rey es el Eduardo I "Longshanks" (piernas largas) de la película Braveheart. 


Dagas Dirks, las dagas de las Highlands. Estas son una evolución de las dagas medievales
que muchos hombres llevaban encima y que utilizaban para muchas cosas, comer y combatir
entre otras. Estaban hechas de manera artesanal para cada comprador.
Museo Nacional de Escocia. Edimburgo. Foto del autor.


Los escoceses nunca aceptaron la anexión. Tras esta rebeldía surgió el líder más carismático, el más recordado por sus paisanos y el que dió más problemas a la corona inglesa hasta que esta lo venció.
Es muy conocido en todo el mundo gracias a la película Braveheart (1995) que le dedicó Mel Gibson y cuyo personaje interpretó. Estamos hablando, por supuesto, de William Wallace (1272-1305). 
De este personaje histórico os contaremos mucho más en los próximos artículos sobre todo en el primero de ellos, cuando visitemos Stirling, la bella ciudad donde obtuvo su famosísima victoria sobre los ingleses.


Vista actual del campo de batalla de Stirling desde el Monumento Nacional a William Wallace.
Stirling. Escocia. Foto del autor.


Reproducción digital de la batalla del puente de Stirling. Museo del Monumento
Nacional a William Wallace. Stirling. Escocia. Foto del autor.

Wallace no era de origen real ni aristocrático pero gracias a los muchos viajes que realizó por Europa (incluyendo el Vaticano) conoció las últimas técnicas de la época contra la caballería pesada, y las puso en práctica con magníficos resultados. La batalla del puente de Stirling en 1297 fue la prueba de ello.
Los señores feudales escoceses nunca apoyaron del todo a Wallace porque no querían perder las tierras en Inglaterra que poseían y con las que el monarca inglés compraba su traición a Escocia.


Castillo de Dunnottar (S. XIII) sus murallas albergaron personajes tan ilustres como William
Wallace o María Estuardo. Resistió durante 8 meses al ejército de Cromwell protegiendo
las joyas de la Corona de Escocia. Lo visitaremos y os hablaremos de su historia
más adelante. Stonehaven. Foto del autor.


Un año después, en 1298, Wallace fue derrotado y apresado en la batalla de Falkirk. Su final fue terrible, arrastrado, colgado y descuartizado por sus vencedores en 1305.
Otra de las figuras históricas más admiradas por el pueblo, y más aceptado por la nobleza de la época, aprendió las lecciones de Wallace, fue Robert the Bruce (1274-1329). Inicialmente sufrió derrotas pero su perseverancia le llevó al mayor triunfo escocés contra los ingleses en Bannockburn. Esta batalla sirvió para que conservara su corona y concedió a Escocia cuatro siglos más de libertad, tras conseguir que los vecinos del sur se volvieran a casa "con el rabo entre las piernas", como dice el himno no oficial escocés Flower of Scotland.


Espada del rey Robert the Bruce. Museo del Monumento Nacional a William Wallace en
Stirling. Escocia. Foto del autor.



1314. Una pequeña fuerza de leales al rey Robert Bruce trepa por la roca norte del castillo
de Edimburgo en un ataque nocturno que sorprendió a los defensores ingleses. El castillo
cambió de manos en numerosas ocasiones durante las guerras de independencia. Panel
informativo en el patio del castillo de Edimburgo. Foto del autor.


La independencia de Escocia fue reconocida oficialmente por el monarca inglés Eduardo III (1312-1377) en 1328. Aunque la Declaración de Arbroath firmada por 51 nobles y magnates escoceses tenía como finalidad establecer claramente la existencia de Escocia como estado independiente y soberano. La declaración está escrita en forma de carta y dirigida al Papa Juan XXII y está datada el 6 de abril de 1320.
Robert the Bruce y, después, su hijo David II, rigieron Escocia hasta 1371, año en que la casa de Estuardo llegó al poder por medio de Roberto II (1316-1390) sobrino materno de David II.


Espada Claymore, se dice que perteneció al rey Robert Bruce, pero en realidad se ha demostrado
que es de finales del S. XVI. "Porque no luchamos por la gloria, ni por las riquezas, ni por los
honores, sino solo por la libertad, a la que ningún buen hombre se rinde excepto con su
vida" Declaración de Arbroath, 1320. La cabeza del hacha es de bronce y se halló en la
batalla de Bannockburn. Museo Nacional de Escocia, Edimburgo. Foto del autor. 



- MARIA ESTUARDO Y LAS GUERRAS DE RELIGIÓN.

La Reforma religiosa que estalló en el S. XVI por toda Europa, sobre todo del norte y central, se debió a una reacción de los cristianos en contra de la ostentación de la iglesia católica, a la que se acusaba de haber desvirtuado el mensaje de Dios. Esta Reforma supuso todo un cataclismo en Escocia, al mando de la misma, un furibundo clérigo, John Knox (1514-1572).


La casa más antigua de Edimburgo es la del clérigo
John Knox. Es la de piedra que tenemos al frente.
Calle High Street en la Royal Mile de Edimburgo.
Foto del autor.


María Estuardo caminó siempre sobre el filo de la navaja durante su reinado, debía contentar a sus seguidores católicos, a los reformistas y a la incipiente iglesia protestante.
María Estuardo (1542-1587) es una figura histórica primordial para Escocia, fue proclamada reina a los seis días de haber nacido en el Palacio de Linlithgow tras la muerte de su padre Jaime V.


Sala de Armas del castillo de Stirling. Sobre la chimenea el escudo de Jaime V.
Este magnífico palacio lo levantó el el soberano escocés en 1540. Stirling.
Foto del autor.


Al poco tiempo (con cinco años de edad) fue llevada a Francia con acuerdo matrimonial incluido con el heredero de Francia y futuro rey Francisco II. Vivió sus siguientes trece años en la corte francesa y fue coronada reina de Francia con aspiraciones a los tronos de Inglaterra y España. El 1560 tras la muerte de su marido el rey, María Estuardo regresa a Escocia, en Francia se queda de regente su suegra Catalina de Medici.
En Escocia se casa con un noble escocés con el que tiene un hijo. Este acusa a la reina de adulterio y mata al supuesto amante, el secretario de la reina David Rizzio, delante de su mujer que por entonces estaba embarazada. Todo este drama ocurre en el Palacio de Holyrood en Edimburgo, ironías de la historia, actualmente es la residencia real de la reina Isabel II cuando viaja a Escocia.


Estancias privadas de los Estuardo en el castillo de Edimburgo. Sobre la chimenea el escudo del
rey Jaime I de Inglaterra, Francia y Escocia. Foto del autor.



1566. Nace el primer rey de Escocia e Inglaterra. Cuando María Estuardo, reina de Escocia,
se vio obligada a abdicar en 1567, su único hijo se convirtió en Jaime VI de Escocia. En 1603,
heredó el trono inglés como Jaime I, se mudó a Inglaterra y solo regreso a Escocia una vez.
Panel informativo en el patio del castillo de Edimburgo. Foto del autor.
 


En 1567 María huye de Escocia y se refugia en la corte de su prima la reina Isabel I de Inglaterra, esta última desconfía de ella y la encarcela. Acusada de diversas conspiraciones, ya nunca volverá a disfrutar de la libertad siendo ejecutada por la reina Isabel en 1587.
Y mientras en Escocia reinaba el caos, el país se debatía entre la monarquía católica y las exigencias de los protestantes. En 1610, Jacobo VI (1566-1625) devolvió el poder a los obispos, lo que complicó aún más la situación. Su hijo Carlos I (1600-1649) la llevó al límite cuando, en 1637, impuso un nuevo libro de oración a la iglesia de Escocia. Los Reformistas movilizaron un ejército  y se hicieron con el control del territorio, la rebelión duró hasta 1650, año en que Carlos II (1630-1685) accedió a firmar el Covenant. Su reinado fue breve. El ejército parlamentario de Oliver Cromwell conquistó Escocia y estuvo en su poder hasta la llegada al trono de Carlos II en 1660.
En 1689 el monarca católico Jaime VII de Escocia y II de Inglaterra (1633-1701) fue obligado a exiliarse por chocar con la iglesia anglicana. Tras la llegada al trono de María Estuardo y su falta de descendencia el parlamento inglés aprovechó para librarse de la casa Estuardo y encumbrar a los Hannover, que asumió el trono en 1714 e inicio el linaje que entronca con la actual familia real británica.


El autor en el museo de los Royal Scots. El Royal Scots se fundó
en 1633 y con este nombre duró hasta 2006 cuando ha sido fusionado con los
Scottish Borderers pasando a llamarse Royal Scots Borderers, 1er Batallón del
Real Regimiento de Escocia. Castillo de Edimburgo.
Foto de Araceli Hidalgo.



- LA ACT OF UNION. LA UNIÓN CON INGLATERRA.

Este proceso de unión sigue siendo motivo de controversia. La Act of Union fue aprobada en Escocia en 1707 y para muchos escoceses es el momento de renuncia oficial a la independencia.
Los firmantes aseguraban que sería bueno para la economía, abriría nuevas rutas comerciales y favorecería la seguridad. Para los detractores, el chantaje económico inglés no podía ser recompensado con una unión en la que Escocia estaba por debajo de inglaterra. El poeta Robert Burns se refirió en su obra a los nobles y arribistas que habían aceptado sobornos para facilitar la aprobación de una Acta de Unión que fue recibida con protestas en muchas partes de Escocia.
De la injusticia de esta Acta surgieron las rebeliones jacobitas, ya que los beneficios económicos prometidos no se materializaron lo que alimentó la agitación popular y el ansia de independencia.
En toda Escocia, pero en las Highlands en particular, la situación económica era muy precaria y muchos tenían claro que la única solución era el regreso del "viejo pretendiente" Jacobo VII, como paso previo a la independencia.
Los jacobitas (así llamados por apoyar a Jaime) se levantaron en armas en el castillo de Braemar el 1 de septiembre de 1715 y pronto se hicieron con amplias áreas del país consiguiendo que regresara al país Jacobo VII.
La celeridad del levantamiento pilló por sorpresa al gobierno británico, pero se repusieron al debilitar a los jacobitas en la batalla de Sheriffmuir. A partir de aquí la rebelión perdió fuelle muy rápido, Jacobo regreso al otro lado del Mar del Norte. Pero la rebelión no cejó y pasó a ser encabezada por el hijo de Jacobo VII, Carlos Eduardo Estuardo (1720-1788). El refinado Carlos (refinado por las maneras aprendidas en los círculos reales franceses) lideraba una fuerza de 10.000 montañeses, que de delicadas formas, poco. Esta rebelión se llamó "la del 45" por ocurrir en 1745.


1745. La guarnición inglesa del castillo de Edimburgo abre fuego sobre la ciudad para
expulsar a los soldados jacobitas que querían devolver al rey Estuardo al trono escocés.
El castillo permaneció en manos del gobierno británico y sus cañones nunca más volvieron a
disparar con fuego real. Panel informativo en el patio del castillo de Edimburgo.
Foto del autor.


En esta ocasión el éxito de los clanes fue rápido e incontestable tras tomar Edimburgo y vencer al ejército inglés en Prestonpans. Este ejército cruzó la frontera y llegó hasta Derby; el pánico se apoderó de Londres, pero los jacobitas ingleses no se sumaron en masa al alzamiento y la intervención francesa (planeada ambas cosas) no se materializó.
De mala gana Carlos "El Refinado" se retiró hacía el norte convirtiéndose la marcha en un desastre para la moral de las tropas.

En 1746 los clanes escoceses eran derrotados en el páramo pantanoso de Culloden ante las tropas anglo-alemanas del duque de Cumberland. Este eligió muy bien el terreno, en pendiente, y el momento, tras una marcha nocturna que agotó a los escoceses, para anular la carga de los highlanders que, hasta entonces, había conseguido imponerse al organizado ejército inglés. Los jacobitas fueron diezmados en una tremenda carnicería, 1.500 muertos por apenas dos centenares de bajas inglesas.
La derrota de Culloden fue catastrófica para el estilo de vida tradicional de las Tierras Altas. La región fue sometida por Cumberland "el Carnicero" y sus hombres que se dedicaron a asesinar durante meses a todos los montañeses heridos o capturados en Culloden y sus cercanías.


Campo de batalla de Culloden. La carga de los clanes escoceses pasó por esta encrucijada, mirando
la fotografía de derecha a izquierda. A la izquierda de la foto sobre una pequeña elevación
les esperaban las filas prietas de los casacas rojas que abrieron fuego. Los highlanders, cansados por
una marcha nocturna sin descanso y con el agua del pantano por las rodillas sufrieron una terrible
matanza. Inverness. Foto del autor.
Cabaña Leanach levantada probablemente en el S. XVIII, está situada en pleno campo
de batalla de Culloden. En el campo podremos observar dos líneas de mástiles con banderas
rojas y azules que indican las líneas de batalla iniciales de los dos ejércitos enfrentados.
Inverness. Foto del autor.


El nuevo régimen en la zona fue puramente feudal, los terratenientes o lairds, respaldados por el gobierno británico expulsaron a los montañeses de sus casas para dejar paso a la ganadería ovina y demás actividades rentables. Fue una tragedia humana que la historia recuerda con el nombre de Highland Clearances. Pronto, millares de escoceses se vieron obligados a emigrar para buscar el sustento por todos los rincones del mundo.
Las Highlands Clearances siguieron en activo hasta que una ley de 1886 finalmente garantizó los derechos sobre el minifundio e implantó otras reformas necesarias.


Muchos escoceses combatieron para Gran Bretaña. Estos
uniformes, las famosas "casacas rojas", pertenecen a tropas acantonadas
en el Raj británico, el gobierno colonial que desde 1858 a 1947 gobernó los
actuales estados de La India, Paquistán, Bangladesh y Birmania.
Museo de los Royal Scots Dragoon Guards. Castillo de Edimburgo.
Foto del autor.




- REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. SIGLOS XX Y XXI.

La Act of Unión logró que la economía escocesa funcionara a medio gas durante mucho tiempo. Pero la Revolución Industrial consiguió que, gracias a sus abundantes recursos naturales (hierro y carbón) el puerto más occidental y cercano a América, Glasgow, encabezara el florecimiento del comercio.


Máquina de vapor de 1861. Museo Nacional de Escocia. Edimburgo. Foto del autor.


Los escoceses se encontraban inmersos en una paradójica situación, eran colonos entusiastas en el seno del Imperio británico y, a la vez, una nación colonizada bajo la bandera del Reino Unido. En Londres, los burócratas y lores eran los que seguían mandando.
La I G.M. (1914-1918) produjo mucho sufrimiento en Escocia. Se calcula que el 20% de los muertos británicos en combate fueron escoceses, aunque solo representaban el 10% de la población de Reino Unido. El país no se había recobrado aún cuando llegaron las depresiones económicas de los años 30.


Cartel del III centenario de los Royal Scots (1633-1933). Esta claro
que siempre hubo escoceses que lucharon por el Imperio Británico.
Museo de los Royal Scots en el castillo de Edimburgo. Foto del autor.


La II G.M. (1939-1945) contribuyó a revitalizar las industrias pesadas en declive, como los astilleros, mientras otras fábricas fueron reconvertidas en productoras de munición lo que generó empleo entre los escoceses que no habían sido llamados a filas. Pero con la posguerra volvieron los años difíciles.
En 1997 el gobierno laborista hizo honor a su promesa electoral de convocar un referéndum. Un 75% votó a favor de la autonomía.
El 12 de mayo de 1999, el primer parlamento escocés en tres siglos abrió sus puertas en Edimburgo. En este sentido el Scottish National Party cuyo objetivo es la independencia de Escocia triunfó en las convocatorias electorales de 2007, 2011 y 2016 (aunque en está última cita perdiera la mayoría absoluta). 


El polémico edificio del Parlamento escocés en el barrio de Holyrood, Edimburgo. Fue inaugurado
el 9 de octubre de 2004 por la reina Isabel II. Foto del autor.



Ya conocemos un poco de la historia de Escocia. Ya estamos en situación para recorrer sus carreteras y caminos, visitar sus ciudades y pueblos, andar entre sus lagos y páramos, disfrutar de las vistas de sus lagos y ríos y sentirnos como Braveheart en sus bellísimos castillos.
Acompañadnos, perderos con nosotros por las tierras de Escocia.


Entrando en el valle de Glen Coe por la mítica A-82. Escocia. Foto del autor.





Ruta de nuestra Escapada por Escocia 2019. De Edimburgo (H) a Stirling (B), luego a
Fort William (C), después visitaremos la isla de Skye (D) pasando por el valle de Glen
Coe y el castillo de Eilean Donan. De aquí al lago Ness finalizando en Inverness (E).
De Inverness una ruta por la costa norte pasando por Stonehaven (F) donde visitaremos
el castillo de Dunnottar y de aquí a Dundee (G) para visitar la encantadora
Saint Andrews. Terminaremos la ruta circular en Edimburgo. 


Vista del casco antiguo de la capital escocesa desde Calton Hill. Se observa la torre del reloj
del hotel Balmoral y al fondo el castillo de Edimburgo. Foto del autor.
Vista del río Ness desde la plaza del castillo de Inverness. Un lugar precioso y con sol
mucho más. Escocia. Foto del autor.


Esta es la ruta que os enseñaremos en los próximos artículos:

Primer día: llegada a Edimburgo (H) y primera noche en Stirling (B).
Segundo día: Stirling, Callander y noche en Fort William (C).
Tercer día: ruta por el valle de Glencoe, visita al castillo de Eilean Donan y noche en la isla de Skye, visita a Portree (D) en Broadford.
Cuarto día: visita a castillo de Dunvegan (isla de Skye), ruta por el lago Ness y noche en Inverness (E).
Quinto Día: ruta por la costa norte, Elgin, castillo de Dunnottar y noche en Dundee (G).
Sexto, séptimo y octavo día: visita Dundee, Saint Andrews y  Edimburgo (H).
Noveno día: regreso a España.


Una de las localidades con más encanto de Escocia; Saint Andrews, con un
increíble ambiente universitario. Esquina de Market street con College street.
Foto del autor.



Vista del lago Ness hacía el sur desde la orilla oeste. Foto del autor.
Imágen icónica cuando paseamos por la New Town de Edimburgo. Esta "ciudad nueva" se levantó
entre 1765 y 1850 y conserva gran parte de la arquitectura del período neoclásico original.
Edimburgo. Escocia. Foto del autor.


Organizar una Escapada a Escocia es muy cómodo. Como siempre recomiendo organizarlo con tiempo. Los vuelos sacarlos un par de meses antes, reservar los hoteles desde casa, ya que hay sitios como la isla de Skye que se llenan en determinadas fechas. Y elegir los sitios a visitar. Hay mucho donde elegir y para todos los gustos; naturaleza, senderismo, museos, castillos, destilerías, rutas costeras, pueblos con encanto, paseos en barco visitando islas...

Bienvenidos a Escocia. En el próximo artículo aterrizamos en Edimburgo para ponernos en ruta hacía Stirling, la ciudad de William Wallace...


Próximo post 16.02- Stirling. La leyenda de William Wallace sigue viva. 
  

viernes, 15 de noviembre de 2019

7.5- SANTANDER. UNA CIUDAD PARA PASEAR.


Maspalomas. Gran Canaria.


Ya conocemos la historia de Santander, hemos visto la transformación de esas calles que formaban la puebla vieja de la ciudad a través de los siglos y ahora pasearemos por ellas sabiendo identificar como se ganó terreno al mar, o donde estaba el puente de Vargas, o como se mantienen casi intactos los edificios del paseo de Pereda que levantaron los ricos comerciantes santanderinos en el S. XVIII.

Quién sabe si alguna de las fotos que saquéis en vuestra Escapada por Santander llega a alguien en el futuro y se utilizan para escribir un artículo sobre como era Santander en el último año de la segunda década del S. XXI.



- PASEANDO DESDE PUERTOCHICO A LA ESTACIÓN MARÍTIMA.

En nuestro primer día de visita a Santander voy a llevaros por la zona donde pase muchos momentos de mi infancia. Por aquí paseaba de niño con mi abuelo, él me contaba las historias de los raqueros, las diferentes clases de barcos, como y porqué se dragaba la bahía, hasta donde llegaba el agua hace 50 o 60 años, me enseñaba los remolcadores, me mostraba la oficina donde trabajó en el Palacete del Embarcadero y cogíamos la lancha para atravesar la bahía y pasear por Somo o Pedreña.


Plaza Matías Montero en Castelar junto a Puertochico. Santander.
Foto del autor.
Puertochico, plaza Matías Montero. Santander. Foto del autor.



Paseando por la bahía junto al monumento a Los Raqueros. Al fondo el Centro Botín y más
allá el muelle de Raos. Santander. Foto del autor.
El Ecoboat, primer prototipo de una embarcación totalmente ecológica. Construido en
Santander recorre la bahía gracias a su techo de paneles solares. Santander.
Foto del autor.


Desde el Mercado de Puertochico, bajamos hasta el pequeño puerto pesquero, el puerto chico, que da nombre a todo el barrio. Pasamos junto al Club Marítimo, saludamos a los raqueros y a Don José Hierro, el insigne poeta madrileño que pasó toda su niñez y juventud en Santander. Su monumento es muy original, hay que verlo con un poco de distancia para apreciar el rostro del autor en varias láminas de hierro con la bahía azul y la montaña verde al fondo. 
Seguimos por el paseo marítimo disfrutando de la vista de una bahía en azul que parece unirse con la mole verde de Peña Cabarga en una línea que finaliza en la ría de Solía a orillas del municipio de Astillero. 
En invierno es habitual ver su cumbre nevada, una maravilla tener la playa y la montaña a pocos kilómetros de distancia.



Vista de Puertochico desde el Centro de Alto Rendimiento de Vela. Santander.
Foto del autor.
La Duna de Zaera en la calle de Gamazo, desde aquí tenemos unas magníficas vistas
de la bahía de Santander. Detrás nuestro el Palacio de Festivales y a nuestra izquierda
el Centro Especializado de Alto Rendimiento de la Federación Cántabra de Vela.
Santander. Foto del autor.


Rotonda de El Embarcadero. Se ve el Palacete, antigua sede de las oficinas del Puerto de Santander
donde mi abuelo trabajó hasta su jubilación tras dejar de navegar. También se ve la Grúa de
Piedra y al fondo Peña Cabarga. Foto de Fernando Ruiz Torío.


La Farola de la bahía junto al muelle de El Embarcadero. Incluso con lluvia el lugar
tiene mucho encanto. Santander. Foto del autor.
La Nao Victoria atracada en el muelle del paseo Pereda vista desde La Farola
de El Embarcadero.
Santander.

Desde los jardines de Pereda llegamos a la Estación Marítima, donde cinco días a la semana, veremos atracado alguno de los ferris que navega a Inglaterra e Irlanda. Desde el muelle del embarcadero navegaban las antiguas orconeras que unían Santander con el otro lado de la bahía y Astillero. En este pequeño muelle encontraremos uno de los puntos más fotogénicos de la ciudad; la Farola de la bahía.


Monumento entre el Palacete del Embarcadero y el Centro Botín dedicado a todos
los marinos montañeses ilustres de la Armada española desde el S. XIII al XIX.
El monumento fue erigido en julio de 2001. Foto del autor.


Desde aquí ya apreciamos la mole del Centro Botín, el museo de arte moderno que ha cambiado la fisonomía de esta parte de la ciudad. Un edificio polémico para los santanderinos, unos lo apoyaban por posible dinamizador de la economía local y otros no lo querían por lo que suponía de ruptura visual con el paisaje. Al final hay que adaptarse a los nuevos tiempos, el paso de los años cambia todos los aspectos de la vida, todo evoluciona y aquí tenemos una muestra más. Particularmente pienso, que tras salvar la Grúa de Piedra, el museo no ha quedado mal. Santander necesita algo más que hermosos paisajes, gastronomía y comercio para afrontar los retos de futuro.



Vista del Centro Botín y de los jardines de Pereda, el edificio blanco y rojo es el
remodelado hotel Bahía. En 1992 se derrumbó cuando se estaban realizando
obras, 6 trabajadores perecieron. Santander. Foto del autor.



Los dos edificios del Centro Botín en el Muelle Calderón de Santander.
Foto del autor.
Vista desde el Centro Botín del parque de Pereda. Santander. Foto del autor.



Vista del Centro Botín y la Grúa de Piedra desde una de las lanchas que cruzan la bahía.
Santander. Foto del autor.



Vista desde lo alto del Centro Botín de el paseo Pereda. Santander. Foto del autor.



Jardines de Pereda bajo la lluvia. Santander. Foto del autor.



- EL CENTRO DE SANTANDER. NOS VAMOS DE PINCHOS Y DE COMPRAS.


Si nos situamos en la Plaza Porticada o Plaza Velarde, junto al edificio de Correos estaremos en el epicentro de las calles peatonales para ir de compras; calles San Francisco, Juan de Herrera o Lealtad. 


Plaza Porticada, en primer plano el monumento al capitán Pedro Velarde y Santillán, nacido
en Muriedas el 19 de octubre de 1779 y muerto defendiendo el cuartel de Monteleón el
2 de mayo de 1808 durante el levantamiento del pueblo de Madrid contra las
tropas de Napoleón. Actualmente la casa-palacio donde nació alberga el Museo Etnográfico
de Cantabria. Una maravilla. Santander. Foto del autor.
Calle Calvo Sotelo, edificio de Correos, detrás la torre de la catedral.
Santander. A la derecha la Delegación de Gobierno en la plaza Porticada.
Santander. Foto del autor.
Plaza de La Asunción, popularmente conocida como plaza de la catedral.
Santander. Foto del autor.
Jardines de Pereda en el centro de Santander. Foto del autor.



Tras ir de compras por el centro de la ciudad nos acercamos a la plaza del ayuntamiento donde no podemos dejar de visitar el Mercado de La Esperanza inaugurado en 1904. En su primer piso encontraremos los puestos de pescado y marisco y en el segundo, los de fruta, carne y demás productos típicos de Cantabria.
Está construido en acero y vidrio sobre una base de piedra de sillería en un estilo ecléctico con trazas modernistas.


Segunda planta del mercado de La Esperanza delante de uno de los puestos de
legumbres de la Tierruca. Santander. Foto del autor.


Si continuamos de mercados no podemos perdernos el Mercado del Este en la calle Hernán Cortés que fue inaugurado en 1842. Ocupa dos de las manzanas del Ensanche, la principal zona ganada al mar por la villa en esa década del S. XIX. 
Se considera este mercado como uno de los primeros ejemplos de "galerías" edificadas en España para uso comercial, ya que se articula como un entramado de vías trazadas a modo de calles cubiertas. En sus sótanos encontraremos además una de las joyas museísticas de Santander el MUPAC, el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, una maravilla que nos lleva desde la prehistoria a la vida cotidiana en un castro cántabro, desde las Guerras Cántabras a la vida en una villa romana, el período visigodo, la invasión musulmana...seguro que os sorprenderá.


Mercado del Este año 2019. Santander. Foto del autor.



Mercado del Este a principios del S. XX. En la actualidad se ve muy similar tras la reconstrucción
realizada en el año 2000, que fue muy polémica ya que se conservaron escasos elementos
originales. Se mantuvo el cartel anunciando el Agua de Borines, una de las primeras envasadoras
de agua mineral, con sede en Piloña, Asturias.
Foto de internet.



El autor en la sala de las Aras votivas romanas del MUPAC. Santander.
Foto de Araceli Hidalgo.  


Y si como a mi, os encantan las bibliotecas no puedo dejar de recomendaros el magnífico trabajo de restauración que se hizo en el antiguo edificio del Depósito General de Tabaco de la fábrica de Tabacalera, desde enero de 2010 alberga la Biblioteca de Cantabria y el Archivo Histórico Provincial de Cantabria. Se encuentra en la calle Ruiz de Alda.


Biblioteca y casa-museo de Marcelino Menéndez Pelayo. En la calle Rubio.
Santander.



Y si hablamos de bibliotecas con solera no podemos dejar de visitar la biblioteca Menéndez Pelayo y su casa-museo. Posee unos 42.000 volúmenes, entre ellos 22 incunables del S. XV, 1.124 del S. XVI y 1.225 del S. XVII. Tras la muerte del escritor la legó al ayuntamiento de Santander. El edificio donde vivió el escritor es de estilo francés y se construyó en 1876. La Biblioteca se inauguró con la presencia del rey Alfonso XIII en 1923.


- DE LA PLAYA DE LOS PELIGROS AL SARDINERO.

Tras conocer el centro de la ciudad podemos ir andando o en trolebús hacía uno de los paseos marítimos más bellos del mundo. Si visitamos la capital de Cantabria no podemos dejar de conocerlo y a ser posible recorrerlo caminando. Hacerlo sin prisas nos permitirá detenernos en las docenas de rincones con encanto que nos encontraremos.
Empezaremos en Puertochico y subiremos por detrás de la Escuela de Marina Civil, pasaremos por delante de la entrada principal del Palacio de Festivales y ya estamos en la avenida de la Reina Victoria.


El Museo Marítimo del Cantábrico una maravilla. Ocho euros la entrada adultos y 5 los niños
y mayores de 65 años. Aquí contemplaremos fauna y flora marina viva, pescadores y
pesquerías, el Cantábrico y la mar en la historia, deportes náuticos, vanguardia tecnológica,
cafetería-restaurante, aula-taller, tienda-librería, sala polivalente y terraza.
Imagen desde la avenida Severiano Ballesteros. Santander. Foto del autor.



La playa de Los Peligros. Le pusieron este nombre porque muchos se ahogan intentando
atravesar la bahía desde esta playa. La canal de la bahía (el fondo arenoso que se draga para el
paso de los buques de mas calado) hace que al subir y bajar la marea esta tenga mucha fuerza
y es muy difícil nadar. Al otro lado se aprecia la playa de El Puntal. Santander.
Foto del autor.
Vista desde el otro lado de la bahía, desde la playa de El Puntal. Desde aquí se aprecian las playas
de Los Peligros, la Magdalena y Bikinis. A la izquierda de la imagen la mole blanca del hotel Real
y a la derecha entre árboles el Palacio de la Magdalena. Santander. Foto del autor.
Vista desde la avenida de la reina Victoria sobre la playa de los Peligros y al fondo la
playa de El Puntal. Santander. Foto de Araceli Hidalgo.
Vista desde la avenida de la Reina Victoria sobre la playa de los Peligros. Al fondo la
arbolada de la península de La Magdalena, se aprecia el torreón del palacio.
Santander. Foto del autor.


Paseamos por la avenida de la Reina Victoria, desde esta atalaya incomparable vemos la bahía de Santander y las maravillosas playas de los Peligros y la Magdalena y al otro lado de la bahía, tan cerca que parece que se puede tocar con la mano, la increíble playa de El Puntal. Un arenal de 4,5 kilómetros de largo con dunas en su zona central que podremos visitar navegando en las lanchas que salen del muelle de El Embarcadero. Una experiencia que no debemos perdernos. Tras un rato caminando sale a nuestro encuentro la península de La Magdalena con todo lo que tiene para mostrarnos.


Estanque de las focas en la península de La Magdalena. Al fondo se ve la playa
de El Camello. Santander. Foto de Maikel Zerpa.



Palacio de la Magdalena (1911). Santander. Foto del autor.



Vista desde la punta este de la península de la Magdalena. Desde este privilegiado
punto podemos ver el faro de la isla de Mouro y la costa cántabra que continua por
Loredo, Galizano, Ajo... Santander. Foto del autor.


Vista desde el lado oeste de la península de La Magdalena. Se aprecian las dos playas de el
Sardinero, al fondo la península de Mataleñas y Cabo Mayor con su faro. Santander.
Foto del autor.


Vista desde el Palacio de La Magdalena. Al fondo la playa de El Puntal en la bahía de Santander.
Foto del autor.

Salimos de la península de La Magdalena y continuamos andando por la avenida de la Reina Victoria camino de El Sardinero, desde aquí vemos la playa de El Camello, llamada así por la roca con el perfil de este animal. Invito a los futuros visitantes a encontrarla en la siguiente fotografía. Desde aquí en cinco minutos ya tenemos la 1ª playa de El Sardinero a la vista.


Plata de El Camello junto a la península de La Magdalena. Santander. Foto del autor.



Vista de la 1ª playa de El Sardinero. A la derecha el restaurante Maremondo en el
popularmente conocido como edificio de el Rhin. Santander. Foto del autor.


Frente a la playa es imposible no fijarse es un espectacular edificio blanco. Es el Gran Casino del Sardinero, Inaugurado en 1916 en estilo vienés Sezession. 

Desde aquí subiremos por la avenida de Castañeda y encontraremos el obstáculo natural que separa las dos playas de El Sardinero. Un murallón de piedra que sale al mar y sobre el que encontraremos los jardines de Piquio. Una de las características de este lugar es que la roca está hueca y durante años albergó cañones que defendían la entrada a la bahía de Santander. Debajo de los jardines hay un verdadero bunker.


Jardines de Piquio, una de las maravillas de Santander que no hay que perderse.
Foto del autor.


Este balcón natural ajardinado que se asoma al mar se creó en 1925. Es uno de los lugares que no puedes dejar de visitar si vienes a Santander. Las vistas sobre el mar y las playas son espectaculares, los bancos de madera donde sentarse y relajarse mirando al mar es uno de los placeres gratuitos que podemos disfrutar en este lugar.
Desde los jardines de Piquio bajamos hacía la 2ª playa de El Sardinero por la avenida de Castañeda. 


Vista de la 2ª playa de El Sardinero. Tiene 1 kilómetro de longitud.
Santander. Foto del autor.


Parque de el Doctor Mesones junto a la 2ª playa de El Sardinero. Santander. Foto del autor.



Cartel turístico de la ciudad en la avenida Manuel García Lago al final de la 2ª
playa de El Sardinero. Al fondo se ve la península de Mataleñas. 



Desde el Mirador de El Chiqui, en el final del paseo de El Sardinero tendremos estas magníficas
vistas sobre la costa. Se aprecia al fondo la mole de la Península de La Magdalena.
Santander. Foto del autor.

Y paseando por la avenida Manuel García Lago llegaremos al final de este espectacular paseo marítimo que empezó en la avenida de la Reina Victoria, en mi humilde opinión, el más bonito del mundo. Como decía aquella canción de Los Carabelas: "un paseo por el Sardinero, no hay igual en el mundo entero".


- EL PARQUE URBANO DE LA VAGUADA DE LAS LLAMAS.

Desde el Sardinero podemos acercarnos andando a un lugar verde e ideal para pasear. Tras pasar junto a los Nuevos Campos de Sport de El Sardinero donde juega el Racing de Santander y el Palacio de Deportes (inconfundible con ese diseño imitando al Halcón Milenario) enseguida veremos este oasis de paz.
 Este parque tiene una amplitud de 11 hectáreas, es el parque con mayor área de arbolado de la ciudad. La vaguada servía de desagüe a una de las dos rías de Santander, tras la urbanización de la zona de El Sardinero la dinámica de mareas que inundaba este terreno se interrumpió, convirtiéndose durante años en zona de residuos de la construcción.


La Vaguada del parque de Las Llamas. Santander. Foto de internet.


Las obras del nuevo parque comenzaron en el 2006. El parque dispone de 3 aparcamientos y de un carril bici de 2,5 kilómetros de longitud. Además tiene un gimnasio, un anfiteatro, un museo y un jardín botánico.
Desde el Palacio de Deportes hasta el carrizal que recorre el centro de la vaguada se encuentra un estanque, cuya lámina de agua tiene una profundidad de entre 60 y 90 centímetros. En torno a él hay un graderío, una cafetería y ludoteca, una solana de madera, amplias zonas de juego y deportivas y espacios verdes con 2.400 árboles y terrazas con jardineras.


Parque de la Vaguada de Las Llamas. Santander. Foto de internet.


Vista de Santander desde el aire. Se aprecian los Nuevos Campos de Sport de El Sardinero
donde juega el Racing, detrás el Palacio de Deportes y detrás el inicio del parque de Las
Llamas. Santander. Foto de internet.




- LUGARES CON ENCANTO.

Ya hemos visitado los lugares más conocidos de la ciudad ahora toca mostraros esos lugares que al que suscribe le parecen encantadores. Son lugares que os sorprenderán por su entorno y en los que podréis dejar volar la vista, relajaros descansando o tomando algo.


En la Explanada de Gamazo junto a la avenida de Severiano Ballesteros podemos disfrutar
del relax de la bahía de Santander en el parque de Gamazo. Foto del autor.



No dejéis de visitar el mirador del Faro de Cabo Mayor. En su restaurante podéis disfrutar de las
vistas con unas cañas y una de rabas. Santander. Foto del autor.
Calle Peña Herbosa. Una de las mejores para irse de pinchos. Santander.
Foto de Rosa Torío.
El precioso y romántico puente de los Jardines de Pereda. Una parada obligada para las
parejas. Santander.
No podemos perdernos las maravillosas vistas desde lo alto del funicular de Río de la Pila.
Debemos subir por esta típica calle de vinos de Santander y al final nos encontraremos
con este pequeño ingenio que nos llevará a lo alto de la calle del Prado de San Roque.
Las vistas sobre la bahía son preciosas. Foto del autor. 



Un auténtico café con encanto lo tendremos en la cafetería del Club Náutico La Horadada.
Las mejores vistas sobre la bahía, con la playa de Los Peligros a nuestros pies y la maravillosa
playa de El Puntal al frente. Santander. Foto del autor.
Desde el aparcamiento de Cabo Mayor se disfruta de estas vistas sobre la costa de Santander.
Santander. Foto de Roberto Ruiz Torío.
El parque de Mataleñas un maravilloso parque a orillas del mar para
pasear y disfrutar de la sombra y el verdor de sus árboles.
Lo encontraremos subiendo por la avenida de El Faro hacía el
faro de Cabo Mayor. Santander.
El claustro de la catedral de Santander es un lugar ideal para pasear y desconectar en pleno
centro de la ciudad. Foto de Araceli Hidalgo.
Pasear por la playa de Somo y contemplar el perfil de Santander al otro lado de la bahía
es una de las experiencias que no se puede perder el que visite Santander.
Foto del autor.
Cafetuco en un día de lluvia en el Centro Botín.
Santander. Foto del autor.
No hay que perderse la Semana
Grande de Santander
, los dos
últimos fines de semana de
julio. Gigantes y cabezudos
en los jardines de Pereda.

Casetas con pinchos y
muchos conciertos y fiesta.
Santander. Foto del autor.







Nada como la playa de El Puntal para relajarse frente a la bahía más hermosa del mundo.
Santander. Foto del autor.
Maravillosas vistas y un lugar ideal para tomarse un vermut en la cafetería-restaurante del
puerto deportivo Marina de Pedreña. Al fondo vemos la península de La Magdalena
con su playa y la de Los Peligros. El edificio blanco que sobresale es el hotel Real.
Foto del autor.
El Cantábrico en todo su esplendor, un auténtico espectáculo. Santander. Foto del autor.
Vista desde el mirador de El Chiqui, el Cantábrico en esta ocasión está como un plato.
Santander. Foto del autor.






- GASTRONOMÍA EN SANTANDER.


No descubrimos nada nuevo si contamos que uno de los atractivos de Santander reside en su amplia y rica gastronomía. Si empezamos por el desayuno no pueden faltar los sobaos, la quesada, los pastelitos de hojaldre y un Tacho Cao de Horno San José con leche de la tierra.


Desayuno con energía. Foto del autor.



Sobaos de Cantabria con relleno de chocolate. Santander. Foto de Roberto Ruiz Torío.


Antes de comer no debemos dejar de tomar una caña con unas rabas o un vermut con un pincho de tortilla o cualquiera de los riquísimos pinchos que encontraremos en alguno de los muchos locales del centro. Y tras esto, nos iremos a comer, a probar los pescados, mariscos, carnes o cocidos que nos presenta la deliciosa cocina regional. Para mariscos y pescados la calle Marqués de la Ensenada en el barrio pesquero o la calle Tetuán en la zona de Puertochico con buenas marisquerías y restaurantes con especialidad en pescados del cantábrico.


Rabas en el faro de Cabo Mayor. Santander. Foto del autor.
Cocido montañés. El rey de la cocina de Cantabria. Foto del autor.



Cocido lebaniego con su caldo y su compango. Foto del autor.
Chuletón de ternera a la piedra. Carne de Cantabria. Foto del autor.



Para un buen cocido montañés o lebaniego, la pequeña bodega Fuente Dé en la calle Peña Herbosa. 

Y ahora toca pasear un poco para digerir lo que hemos comido y prepararnos para la cena. Esta noche nos iremos a cenar a la calle Tetuán o a la calle Bonifaz o a la calle Hernán Cortés o a Peña Herbosa... hay mucha variedad de locales de restauración; cocina fusión, clásicos, de la tierra, arrocerías, orientales, italianos, de picoteo y raciones...

Ya entrada la noche nos iremos a tomar algo a la plaza Cañadío o al Río de la Pila y si es fin de semana disfrutar de su ambiente nocturno.




-SANTANDER UNA CIUDAD PERFECTAMENTE UBICADA EN SU ENTORNO NATURAL.

Nada como una imagen para mostrar la belleza del entorno que rodea la capital cántabra. Por el sur el macizo de Peña Cabarga sobresale inmenso como un monte Olimpo que protegiera desde tiempos inmemoriales al asentamiento humano que se asoma a las bravas aguas del Mar Cantábrico. Este mar que ha traído parte de la prosperidad y muchas desgracias a la villa que se asienta en sus orillas desde hace más de 2.000 años. 
Por el oeste el parque de las Dunas de Liencres marca una prolongación natural de la costa santanderina y por el lado este las maravillosas playas de Langre, Galizano, Ajo y Noja, las cuales nos invitan a realizar un nuevo viaje a estas tierras del Norte.


Bahía de Santander y en primer plano la ría de Cubas que baña las poblaciones de Somo,
Cubas y Villaverde de Pontones. Foto del autor.




Santander y su entorno desde el aire.
Preciosa fotografía tomada desde la calle Lope de Vega. La Nao
Victoria zarpa de la bahía de Santander. 
Santander y el mar. Foto realizada desde el mirador de el Río de la Pila. Se aprecia el
Centro Botín, el techo del edificio del Banco de Santander, la bahía de nuestra ciudad
y al frente la montaña de Peña Cabarga. Santander.
Vista desde Peña Cabarga de la bahía de Santander. Al fondo se aprecia la capital.
Foto de Roberto Ruiz Torío.



En este artículo faltan muchos rincones de costa, calles, avenidas, monumentos, parques...
Cada viajero encuentra sus oasis preferidos, lo bueno de perderse es buscar y hallar esos lugares que a cada uno nos llaman la atención y quedan siempre enmarcados en nuestra mente o en alguna fotografía con la que decorar nuestro hogar.

Lo que si puedo aseguraros, es que no encontraréis una ciudad parecida a Santander, por su entorno, por sus playas, por sus paisajes por su gastronomía y por su tranquilidad.


Con este artículo termino la serie sobre Santander ciudad. Espero que a mis paisanos les haya gustado descubrir cosas sobre su propia ciudad que no conocían y sentirse un poco más orgullosos de toda la Historia que ha vivido esta bahía en sus más de 2000 años de vida civilizada. Y a los visitantes, desearles que no se queden solo con una visita de un día o dos, Santander y su entorno tiene muchos rincones con encanto por descubrir.

En el próximo post empezaré con nuestra Escapada a Escocia 2019. Un maravilloso recorrido en coche de 10 días por parte de las legendarias Highlands. Recorreremos de costa a costa las tierras del mítico William Wallace y conoceremos su historia, sus paisajes, sus gentes, sus monumentos, sus pueblos y por supuesto sus castillos, sus valles y sus lagos para terminar en Edimburgo, una capital de cuento.
Como siempre, empezaremos con un poco de Historia y de eso, Escocia tiene de sobra. 





Próximo post: 16.01- Escocia una tierra de leyenda. Un poco de Historia.